viernes, 30 de marzo de 2018

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"PADRE, PERDÓNALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN"

Primera Palabra:
 "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."
 (Lucas, 23: 34).

Padre, tu amor al mundo fue tan grande que me entregaste a él para que no pereciera ninguno de los que creyeran en mí (cf. Jn 3, 16). Ha sido, y es, un amor generoso, sacrificado y total. Un amor sin límite ni medida. Un amor hasta el extremo. 

Por otra parte, tú sabes, Padre, que el perdón es una de las expresiones más hermosas del amor. No puede existir un amor sin perdón. Sólo perdona el que ama. O, lo que es lo mismo, sólo ama el que perdona de corazón. 

Si en la cruz y en mi muerte fue sellado este amor tan grande de manera total y definitiva, así también, en este mismo momento, debía expresar yo a “los cuatro vientos” el perdón también total, a todos y en todo. Y ahí pronuncié mi primera palabra. 

No la improvisé, porque no se improvisa un sentimiento profundamente arraigado muy dentro de mí. Afloró como la primera flor después de un crudo invierno, como el beso y la caricia entre los que se aman intensamente, o como el llanto de una madre por la muerte de un hijo.

Y pronuncié mi primera palabra: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Perdón y excusa. Ambas cosas, que no siempre suelen ir unidas. Sí sabían ellos que me estaban matando. Sí sabían que tenían que obedecer la orden que habían recibido de los mandamás de torturarme hasta morir. Sí sabían lo que estaban haciendo.

Pero desconocían el por qué y el para qué. No sabían que yo era tu Hijo. No sabían que estaban crucificando a un hombre que, además, era Dios. 

Eran soldados del imperio y nada sabían de mí: de mi vida totalmente volcada a los más pobres y los pecadores, de mis palabras llenas de ternura para con todos, de los signos que había hecho sanando a tantos enfermos, de que había pasado haciendo siempre el bien sin acepción de personas. No sabían.
Y aunque lo hubieran sabido, también los hubiera perdonado del todo, porque si el amor no conoce límite alguno, tampoco el perdón. 

Y en ellos perdoné a toda la humanidad a la que me enviaste a redimir y salvar. No saben los hombres y mujeres de este mundo el alcance de su pecado en cuanto rechazo total a ti. No saben o desconocen que están matando con su pecado la vida nueva que manó de mi costado y que, desde allí, se “derrama” para todos en abundancia. No saben o desconocen que su pecado es ruptura contigo, el Dios vivo. No saben.

Por todo ello, porque los amo inmensamente y porque no saben, los perdono del todo desde esta cruz donde estoy clavado y a punto de morir. 

Te pido, Padre, que todos, discípulos míos o no, perdonen siempre de corazón a todos y en todo. Y que sepan también excusar a quienes les han ofendido. Que se amen como yo les amo, que se perdonen como yo perdono. Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros (Jn 17, 21).
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San Agustín:
Si no perdonas a tu enemigo, te conviertes en tu propio enemigo (S, 179 A, 7).

P. Teodoro Baztán Basterra.
Pascua 2016


"Padre, perdónalos,
no saben lo que hacen".
Perdóname, Jesús,
que en la Cruz perdonaste.

¡Piedad, Señor, piedad! (bis)
Guárdame, Madre, en tu amor
la Palabra del Señor. Amén.

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