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domingo, 26 de febrero de 2017

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Jesús sigue predicando en el monte. Concluye hoy el sermón de la montaña. Predica e instruye a sus discípulos y a todos los que le han seguido hasta ahí. Y a todos nosotros. El tema central hoy nos habla de la paternidad providente y amorosa de Dio. Su palabra, que es palabra de verdad, es para siempre y para toda la humanidad. Y en especial para los que son sus seguidores. Nosotros.

Ya ha hablado en este mismo sermón de la verdadera felicidad de quienes cumplan y vivan las bienaventuranzas, de nosotros en cuanto sal y luz del mundo, del  comportamiento fraterno, del amor a los enemigos, de reconocer y dirigirse a Dios como Padre.

Ahora va más a fondo: Lo primero, lo que debemos tener y considerar por encima de todo, lo único absoluto, la única meta, lo primero de todo es Dios. Todo lo demás, por muy bueno e importante que sea (la vida, la familia, la salud, el dinero, los bienes, los amigos, la profesión, el trabajo…) aunque bueno y muy necesario, es relativo. Todo lo que no sea Dios ha de ocupar un segundo, tercero o cuarto lugar, o quizás ninguno.

Y no es porque Dios sea egoísta o porque necesite de nosotros. De eso nada. Es por nosotros. Porque nos ama y quiere ayudarnos a poder optar por lo mejor, para que nuestra vida de creyentes tenga sentido y nos vaya bien.

Si Dios es o debe ser lo primero, debemos poner toda nuestra confianza en él. Como la tienen los niños pequeños en sus papás. Para un niño pequeño lo primero de todo es sus papás. De ellos depende, en ellos se confía, a ellos ama más que a todas las cosas. Luego llegará la vida y torcerá muchas cosas.

Ante nosotros, adultos, se presentan muchas opciones, muchos caminos, muchas posibilidades, pero Dios nos pide que él sea la primera opción, la más necesaria, que confiemos siempre en él.

Son muy claras las palabras de Jesús; “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro…; no podéis servir a Dios y al dinero”. Aunque necesarios, uno de los dos será, en la práctica, el primero. 

Necesitamos el dinero para atender las necesidades de la familia y de la propia existencia, pero no necesitamos el dinero para que nos domine y esclavice, como no necesitamos la comida para empacharnos, ni la bebida para emborracharnos. El que pone su corazón en el dinero vive para el dinero y es esclavo del dinero; no le queda en su corazón espacio para servir a Dios. El que pone su corazón en el dinero, además de esclavizarse él, tiende a esclavizar a las personas que dependen de él. Al que pone su corazón en el dinero le importa más el dinero que las personas.

Jesús no critica la riqueza en sí misma, sino la valoración de la riqueza como bien supremo y motor de las actividades del hombre.

No pide el Señor que nos despreocupemos de las cosas materiales necesarias para la vida. Si así fuera, ¿qué dirían tantos que lo pasan muy mal, sin trabajo, en la mayor pobreza, con una familia que tiene que atender y alimentar? Sin ir a situaciones extremas, ¿qué pensará ante Dios un parado, un joven sin trabajo, un enfermo crónico, un jubilado con pensión de miseria?

No pide que no nos preocupemos de la salud, o de la educación de los hijos, o del mañana…

Pide, más bien, que no nos agobiemos. Y repite esta palabra cuatro veces. Que no nos obsesionemos por tener más y más, que no nos obsesionemos con la salud o la enfermedad, porque enfermaríamos de verdad, que no nos obsesionemos por el vestido, comprar, comprar y comprar.

Sí nos pide que, al mismo tiempo que trabajamos o nos preocupamos por el bien personal, de la familia y de la sociedad, confiemos en él, que es providente con todos. 

En la primera lectura aparecen unas palabras en boca del profeta Isaías que habla en nombre de Dios: “¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”. 

Nos pide buscar, por encima de todo, el reino de Dios y su justicia.
Teodoro Baztán Basterra.

sábado, 25 de febrero de 2017

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De una Virgen hermosa
celos tiene el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

Cuando del Oriente
salió el sol dorado,
y otro sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona bella,
y a los pies de la estrella
su lumbre adoró,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

«Hermosa María,
dice el sol vencido,
de vos ha nacido
el sol que podía
dar al mundo el día
que ha deseado».
Esto dijo humillado
a María el sol,
porque vio en sus brazos
otro sol mayor.

Lope de Vega

viernes, 24 de febrero de 2017

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 Luego los monjes eran como barba; muchos fueron fuertes y padecieron muchísimas persecuciones. Pero, si desde la barba no hubiera descendido el ungüento, no tendríamos ahora monasterios. Mas como descendió también al gorjal del vestido, pues dice así: Que descendió al gorjal del vestido, apareció a continuación la Iglesia, que engendró los monasterios del vestido del Señor; porque el vestido sacerdotal simboliza a la Iglesia y ella misma es la veste de la cual dice el Apóstol: Para presentarse Él a sí mismo la Iglesia gloriosa, que no tiene mancha ni arruga (Ef 5,27). Se lava para que no tenga mancha, se extiende para que no tenga arrugas. ¿En dónde la extiende el lavandero? En la leña. Todos los días vemos crucificar, en cierto modo, las túnicas por los lavanderos; (al extenderlas) las crucifican para que no tengan arruga. ¿Qué significa "orla del vestido"? Hermanos míos, ¿qué hemos de entender por orla vestimenti? La orla es el fin del vestido. ¿Qué hemos de entender por "el fin del vestido"? ¿Acaso que al fin de los tiempos contaría la Iglesia con hermanos que habitasen unidos? ¿O entendemos por la palabra "orla" (ora) la perfección, porque el vestido se perfecciona o termina con la orla, y son perfectos aquellos que saben vivir en unión? Son perfectos los que cumplen la ley. ¿Cómo cumplen la ley de Cristo los que habitan unidos? Oye al Apóstol: Soportaos unos a otros vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de Cristo (Ga 6,2). Esta es la orla o el final del vestido. Pero ¿cómo entenderemos, hermanos míos, de qué final, extremo u orla se habla a la cual pueda descender el ungüento? No creo que quisiera se entendiese la orla o el extremo lateral del vestido, pues hay orla o al final o a los costados. Por tanto, pudo descender el ungüento desde la barba a la orla o extremo que hay en la parte principal del vestido, en donde se halla la abertura del cuello, o sea el gorjal. Tales son los que habitan en uno; de suerte que como la Cabeza del hombre entra por esta orla, abertura o gorjal para vestirse, así también entra por la concordia fraterna Cristo, que es nuestra Cabeza, para vestirse, a fin de que la Iglesia se una a Él.

 ¿Qué más dice? Como rocío del Hermón que desciende sobre los montes de Sión. En esto quiso se entendiese, hermanos míos, que, debido a la gracia de Dios, los hermanos habitan unidos; no debido a sus fuerzas ni a sus méritos, sino a la gracia de Dios, que es como rocío del cielo. La tierra no se llueve a sí misma; todo lo que engendra se seca si no desciende de arriba la lluvia. En cierto lugar del salmo se dice: Lluvia voluntaria derramarás, ¡oh Dios!, para tu heredad (Sal 67,10). ¿Por qué la llamó voluntaria? Porque no se debe a nuestros méritos, sino al querer o a la voluntad de Dios. Pues ¿qué bien merecimos nosotros pecadores? ¿Qué bien merecimos los inicuos? De Adán procede Adán, y de Adán se originan muchos pecados. Todo el que nace, nace de Adán; condenado de condenado, y, viviendo mal, añade pecados sobre Adán. ¿Qué bien, pues, mereció Adán? Con todo, amó el Misericordioso; amó el Esposo, no a la hermosa, sino para hacerla hermosa. Luego llamó a la gracia de Dios rocío del Hermón.
 En in ps.132, 9,10

jueves, 23 de febrero de 2017

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¡Ved cuan bueno y deleitoso es habitar los hermanos en unión! El que decía: Ved o He aquí, daba a conocer. Nosotros, pues, hermanos, somos los que vemos y bendecimos a Dios, y oramos para decir también: fíe aquí. Diga también el salmo a qué cosa se asemejan: Como ungüento en la cabeza, que desciende a la barba luenga de Aarón, que desciende al gorjal de su vestido. ¿Qué era Aarón? Sacerdote. ¿Quién es este sacerdote sino el único sacerdote que entró en el sancta sanctorum? ¿Quién es este sacerdote sino el que fue víctima y sacerdote; el que, al venir al mundo, no encontró nada puro que ofrecer y se ofreció a sí mismo? En su Cabeza está el ungüento, porque el Cristo total le constituye con la Iglesia. Pero de la Cabeza bajó el ungüento. Cristo es nuestra Cabeza; fue crucificado y sepultado; resucitado, subió al cielo, y vino el Espíritu Santo, enviado por la Cabeza. ¿Adonde? A la barba. La barba simboliza la fortaleza. La barba simboliza a los jóvenes, a los valientes, a los diligentes, a los activos, a los alegres. Por eso, cuando los describimos, decimos que son hombres barbados. Luego aquel primer ungüento descendió sobre los apóstoles, descendió sobre los que sostuvieron el primer ímpetu del mundo. Luego sobre ellos descendió el Espíritu Santo. Porque quienes primeramente comenzaron a habitar unidos, soportaron la persecución; pero, como había descendido el ungüento a la barba, padecieron, pero no fueron vencidos. En efecto, también ya había precedido en el sufrimiento la Cabeza de donde descendió el ungüento. Precediendo tal ejemplo, ¿quién vencería ya a la barba?

 De aquella barba era San Esteban. No fue vencido, porque la caridad no es vencida por los enemigos. Los que persiguieron a los santos creían que vencían. Ellos herían y eran heridos, ellos mataban y eran matados. ¿Quién no creería que unos vencían y otros eran vencidos? Pero como la caridad no es vencida, por eso descendió el ungüento a la barba. Ved a San Esteban. La caridad se inflamaba en él, se ensañaba sobre ellos al oírle; pues, cuando le apedreaban, rogó por ellos. ¿Qué dijo cuándo le oyeron? Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oído; vosotros resistís continuamente al Espíritu Santo. Ved la barba, la fortaleza. ¿Por ventura aduló? ¿Acaso temió? Ellos, al oír estas cosas que contra ellos se decían, pues Esteban se ensañaba, se ensañaba con palabras y amaba con el corazón, porque no fue vencida en él la caridad; aborreciendo las palabras como tinieblas que huyen de la luz, comenzaron a cebarse en las piedras, apedreando a San Esteban. Como antes les apedrearon las palabras de Esteban, ahora apedreaban con sus piedras a Esteban. ¿Cuándo debió airarse más Esteban: cuando le apedreaban o cuando le oían? Ved que, cuando le apedreaban, demostró la mansedumbre, y, cuando le oían, se ensañaba. ¿Por qué se ensañaba cuando le oían? Porque quería cambiar a quienes le oían. Al caer las piedras sobre él, la caridad no fue vencida, porque el ungüento descendía desde la Cabeza a la barba, y había oído de la Cabeza misma: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen (Mt 5,44). Había oído a la misma Cabeza pendiente de la cruz decir: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc 23,34). Luego por lo mismo que el ungüento descendió de la Cabeza a la barba, también, al ser apedreado Esteban, hincando las rodillas, dijo; Señor, no les tomes en cuenta este pecado (Hch 7,51.59).
En in ps.132, 7-8

miércoles, 22 de febrero de 2017

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 Así habla también Ezequiel de tres personas, en las que con razón entiendo hallarse simbolizados estos tres géneros de hombres: Si el Señor enviare—dice—espada sobre la tierra, aunque estuviesen en medio de los hombres Noé, Daniel y Job, no se librarán los hijos y las hijas, sino que ellos solos se salvarán (Ez 14,13-16). Estos ya fueron librados en otro tiempo, pero en estos tres nombres simbolizó otros tres géneros de hombres. Noé representa a los rectores de la Iglesia, porque gobernó el arca en el diluvio (Gn 7). Daniel eligió la vida descansada; en el celibato sirvió a Dios, es decir, no tuvo mujer; era varón santo, entregado en la vida a deseos celestes; fue tentado muchas veces, y encontrado oro acendrado. ¡Cuán aquietado era el que se hallaba seguro entre los leones! (Dn 6; 14,28-39) Luego en el nombre de Daniel, que también fue llamado varón de deseos (Dn 10,11), pero sin duda castos y santos, se hallaban simbolizados los siervos de Dios, de los cuales se dice: ¡Ved cuan bueno y deleitoso es habitar los hermanos en unión! En el nombre de Job se halla representada una de aquellas que fue tomada del molino, pues tenía mujer, hijos, abundantes riquezas; y tenía tantas en este mundo, que el diablo le echó en cara que no adoraba a Dios gratuitamente, sino por lo que había recibido de Él. Esto echó en cara al santo varón; pero en sus tentaciones se probó cuan gratuitamente Job adoraba a Dios; no por las cosas que había recibido, sino a Dios por Dios. Habiendo perdido todas estas cosas en una repentina prueba y aflicción; perdida la heredad, perdidos los herederos, dejándole solo su mujer, no para consuelo, sino para tentación, dijo lo que sabéis: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; como al Señor le agradó, así se hizo. Sea bendito el nombre del Señor (Jb 1). En él se cumplió lo que cantamos diariamente si nos armonizamos con las obras: Bendeciré al Señor en todo tiempo; siempre se halle en mi boca su alabanza (Sal 33,2). Luego en estos tres nombres se hallan simbolizados los tres géneros de hombres lo mismo que en aquellos tres que conmemoré del Evangelio.

 Luego ¿qué dicen los que nos escarnecen por el nombre de monjes? Quizás nos dirán: "Los nuestros no se llaman circunceliones (vagabundos); vosotros los llamáis así con nombre afrentoso, porque nosotros no los llamamos de ese modo." Digan cómo los llaman y lo oiréis. Los llaman agonistas, luchadores, combatientes. También nosotros confesamos que los llaman con más decoroso nombre si se ajustase a la realidad. Por ahora lo considere vuestra caridad. Los que nos dicen: "Mostrad en dónde se escribió el nombre de monjes", que nos muestren en dónde se escribió el de agonistas. "Los llamamos así —dicen— por la lucha o el certamen, pues luchan o combaten, y el Apóstol dice: Combatí el buen combate (2Tm 4,7); luego como luchan contra el diablo y le vencen, estos soldados de Cristo se llaman agonistas." ¡Ojalá que fuesen soldados de Cristo y no del diablo, de quienes se teme más su saludo, consistente en decir: Alaba a Dios, que el rugido del león! Estos también se atreven a ultrajarnos, porque los hermanos, al darse de cara con los hombres, los saludan diciendo: A Dios gracias. "¿Qué significa —dicen— Deo gratias, a Dios gracias?" ¿Tan romo eres que no sabes lo que quiere decir a Dios gracias? El que dice a Dios gracias, da gracias a Dios. Ve si no debe el hermano dar gracias a Dios cuando ve a su hermano. ¿Por ventura no existe motivo de congratulación cuando se encuentran los que moran en Cristo? Y, sin embargo, vosotros os reís de nuestro a Dios gracias; y los hombres lloran de vuestras alabanzas a Dios. Ciertamente que explicasteis por qué los llamáis agonistas. Está bien que los llaméis así, lo aplaudimos por completo. Quiera Dios que combatan contra el diablo y no contra Cristo, cuya Iglesia persiguen. Sin embargo, como luchan, los llamáis agonistas y encontráis motivo para llamarlos de ese modo, puesto que el Apóstol dijo: Bonum agonem certavi, combatí el buen combate. Luego ¿por qué nosotros no hemos de llamar monjes, diciendo como dice el salmo: Ved cuan bueno y deleitoso es habitar los hermanos en unión o en uno? Monos en griego significa uno, y no uno cualquiera, porque la turba también es uno, ya que, siendo una formada de muchos, también puede llamarse uno; pero no puede llamarse monos, es decir, único o solo. Monos significa uno solo. Los que de tal modo viven en unión que constituyen un solo hombre, de suerte que en ellos se cumple lo que se escribió, son un alma y un solo corazón; son muchos cuerpos, pero no muchas almas; son muchos cuerpos, pero no muchos corazones; con razón se denominan monos, es decir, uno solo. De aquí que uno solo se curaba en la piscina. Nos respondan y expliquen los que ultrajan el nombre de monjes por qué aquel que fue hallado soportando por espacio de treinta y ocho años una enfermedad respondió al Señor: Al ser movida el agua, no tengo quien me arroje a ella, y otro baja antes que yo (Jn 5,5.7). Bajaba uno y no bajaban más. Uno solo se curaba, el cual simbolizaba la unidad de la Iglesia. Con razón ultrajan el nombre de unidad quienes se apartaron de ella. Con razón ven con malos ojos el nombre de monjes, porque ellos no quieren habitar en unión con los hermanos, puesto que, siguiendo a Donato, abandonaron a Cristo. Estas cosas he dicho sobre el uno y de uno solo oyó hablar vuestra caridad. Nos regocijemos ya con el salmo y veamos las cosas que siguen. Es breve y puede ser recorrido todo él exponiendo cuanto el Señor me sugiera. Pienso que, por las cosas que ya se dijeron, puedan presentarse claras las que siguen, aun cuando aparezcan a simple vista oscuras.
 En in ps.132, 5-6

martes, 21 de febrero de 2017

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Del lenguaje de este salmo se originó el nombre de monjes; por tanto, nadie vitupere a los católicos por este nombre. Cuando vosotros censuráis rectamente a los herejes por los circeliones, para que avergonzándose se salven, ellos os censuran por los monjes. Primeramente ved vosotros si deben ser comparados. Si se necesita alguna explicación vuestra, ya os esforzáis. Pero únicamente es necesario que amonestéis a cada uno que se fije; que se fije sólo y que compare. ¿Qué necesidad hay de vuestras palabras? Se comparen los borrachos con los sobrios, los impetuosos con los moderados, los locos con los sencillos, los vagabundos con los congregados. Con todo, acostumbran a decir: "¿Qué significa el nombre de monjes?" Cuánto mejor diremos nosotros: ¿Qué significa el nombre de circeliones? Pero nos dicen) "No se llaman circeliones." Quizás los llamamos con nombre aliterado. ¿Os diré su nombre propio? Quizás se denominan circunceliones (vagabundos) y no circeliones. Si se llaman así, declaren qué son, porque se denominan circunceliones los que vagan por las celdas o cavernas. Suelen, pues, andar de aquí para allá, sin tener jamás residencia fija y cometer lo que sabéis y lo que ellos saben quieran o no quieran.

Sin embargo, carísimos, hay también monjes falsos; también nosotros los conocemos; pero, con todo, no se destruye la piadosa fraternidad por aquellos que manifiestan a las claras lo que no son. Hay monjes falsos, como clérigos falsos y fieles falsos. Todos estos tres géneros, hermanos míos, que en otra ocasión os recordé, y creo que no sólo una vez, tienen en su seno buenos y malos. De estas tres clases de hombres se dijo: Habrá dos en el campo: uno será tomado y otro dejado; habrá dos en el lecho: se tomará al uno y se dejará al otro; habrá dos en el molino: la una será tomada y la otra dejada (Lc 17,34.35). Se hallan en el campo los que gobiernan la Iglesia. De aquí dice el Apóstol, y ved si no estaba en el campo: Yo planté, Apolo regó, pero Dios dio el incremento o crecimiento 1Co 3,6). Quiso que se entendiese por los que estaban en el lecho los que amaron el reposo, pues por el lecho simbolizó el descanso; éstos no se mezclan entre las turbas, no se hallan en el alboroto del género humano; en el descanso sirven a Dios; y, sin embargo, de allí, uno será tomado y otro dejado. Allí hay virtuosos y reprobados. No os atemoricéis porque se encuentren allí réprobos, pues hay algunos ocultos que sólo aparecerán al fin. Las dos personas del molino se consignaron en género femenino: duae, queriendo se entendiese la plebe, la turba o el pueblo. ¿Por qué estaban en el molino? Porque se hallaban en este mundo, simbolizado por el molino, ya que se mueve como la piedra del molino. ¡Ay de aquellos a quienes tritura! De tal modo se mueven allí los fieles buenos, que una de ellas es abandonada y otra aceptada. Los amadores, los defraudadores, los engañadores de este mundo, perpetran ciertas acciones propias de él. Otros se portan en él como dice el Apóstol: Disfrutan de este mundo como si no disfrutasen. Pasa, pues, la figura de este mundo, y quiero que vosotros estéis sin cuidados (1Co 7,31.32). ¿Oyes quién será tomada del molino? Sin duda se ven muchos pecados en los que son ricos. Teniendo más trabajo, administrando más asuntos, defendiendo más extensos negocios familiares, difícilmente acontecerá que no contraigan más pecados; de ellos se dijo: Más fácilmente entra un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos. Pero, al contristarse los discípulos por aquellos de quienes ya desconfiaban, les consoló el Señor, diciéndoles: Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios (Mt 19,24-26). Oye al Apóstol, si no echas en saco roto lo que dice: Manda a los ricos de este mundo que no se engrían. Pero encontrarás también a un pobre soberbio y a un rico humilde; verás a un cristiano que considera en todo su valor que todas aquellas cosas pasan y perecen, que nada trajo a este mundo y nada ha de llevarse de él; que piensa cómo el rico que ardía en las llamas del infierno deseó que le cayese una gota de agua del dedo de aquel que anhelaba las migajas de su mesa; y, pensando estas cosas, hacen lo que dice el Apóstol: No ponen la confianza en lo incierto de las riquezas, sino en Dios vivo, que nos da en abundancia todas las cosas para disfrutarlas. Sean ricos —prosigue diciendo el Apóstol— en buenas obras, sean dadivosos y limosneros. Y esto, ¿qué bien les reporta? Atesoren un buen fundamento para el futuro a fin de que consigan la verdadera vida (1Tm 6,17-19). Ved aquí las que serán tomadas del molino. Sin embargo, el rico que se vestía de púrpura y de lino, y comía opíparamente todos los días, y despreciaba al pobre que yacía a las puertas de su casa (Lc 16,19-24), será dejado, porque una será tomada y otra dejada del molino.
En in ps.132, 3-4

lunes, 20 de febrero de 2017

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Este salmo es breve, pero muy nombrado y conocido. ¡Ved cuan bueno y deleitoso es habitar unidos los hermanos! Es tan agradable este sonido, que aun los que ignoran el Salterio cantan este verso. Es tan dulce cuanto lo es la caridad, que hace habitar en unión a los hermanos. Esto, hermanos: ¡Cuán bueno y deleitable es habitar los hermanos en unión!, no necesita interpretación o explicación; pero lo que sigue encierra algo que debe aclararse a los que llaman. Sin embargo, para que a partir de este versillo conozcamos la total estructura de este salmo, consideremos una y otra vez este primer versillo, y veamos si se dijo de todos los cristianos: ¡Cuán bueno y deleitoso es habitar los hermanos en unión!, o haya algunos señalados y perfectos que habitan en unión; y, por tanto, no se refiera a todos esta bendición, sino a algunos especiales, desde quienes, sin embargo, alcance a los demás.

 Estas palabras del Salterio, este dulce sonido, esta grata melodía tanto en el cántico como en la comprensión, dio origen a los monasterios. Ante esta voz se animaron los hermanos que anhelaron habitar unidos. Este verso fue la trompeta para ellos. Sonó por todo el orbe de la tierra, y los que se hallaban separados fueron congregados. El clamor de Dios, el clamor del Espíritu Santo, el clamor profético, no se oía en la Judea, pero se oyó en todo el orbe de la tierra. Aquellos entre quienes se cantaba se taparon los oídos para no oír este sonido, pero los abrieron otros; aquellos de quienes se dijo: Le verán aquellos a los que no se habló de Él y le entenderán quienes no le oyeron (Is 52,15). Con todo, carísimos, si consideramos bien las cosas, primeramente recibió esta bendición la pared de la circuncisión. Pues ¿acaso perecieron todos los judíos? ¿De dónde procedían los apóstoles, hijos de los profetas, hijos de los sacudidos? (Sal 126,4) Hablo como a los que ya conocéis esto. ¿De dónde eran aquellos quinientos que vieron al Señor después de la resurrección, según conmemora el apóstol San Pablo? (1Co 15,6) ¿De dónde aquellos ciento veinte que se hallaban juntos en un solo lugar después de la resurrección del Señor y la subida al cielo, sobre los que, estando reunidos, vino, enviado desde el cielo, según fue prometido, el Espíritu Santo el día de Pentecostés? Todos eran de Judea y ellos fueron los primeros que habitaron en común, porque vendieron cuanto poseían y colocaron el precio de sus bienes a los pies de los apóstoles, según se lee en los Hechos Apostólicos: Y se distribuía a cada uno conforme cada uno lo necesitaba, y nadie tenía propiedad, sino que todas las cosas les eran comunes. ¿Qué significa en uno, o en unión, o unidos? Que tenían una sola alma y un solo corazón en Dios (Hch 1,2, 4). Luego ellos fueron los primeros que oyeron: ¡Ved cuan bueno y deleitoso es habitar los hermanos en unión! Fueron los primeros que lo oyeron. Pero no sólo lo oyeron ellos, no sólo llegó hasta ellos esta bendición y unidad de los hermanos, sino que este regocijo de caridad y ofrecimiento a Dios llegó a los posteriores. Se prometió algo a Dios, pues se dijo: Haced votos y cumplidlos al Señor, Dios vuestro (Sal 75,12). Sin embargo, mejor es no prometer que prometer y no cumplir (Si 5,4). Pero debe estar pronto el ánimo a prometer y cumplir, no acontezca que, al juzgarse incapaz de cumplir, sea perezoso para prometer. Y, efectivamente, nunca cumpliría si piensa que ha de cumplir por sus propias fuerzas.
En in ps.132, 1-2