ADD THE SLIDER CODE HERE

Entradas

jueves, 18 de enero de 2018

// //
El Espíritu Santo derrama alegría. Varias veces la Biblia habla del "gozo del Espíritu Santo" (1 Tesalonicenses 1,6; Romanos 14,17) y nos invita muchas veces a vivir alegres. Es voluntad del Señor que no vivamos tristes:

"No te abandones a la tristeza, ni te atormentes con tus pensamientos. La alegría del corazón es vida para el hombre, y le alarga los días. Distrae tu alma y consuela tu corazón. Aparta de ti la tristeza, porque la tristeza ha perdido a muchos, y de ella no se saca ningún provecho" (Sirácides 30,21-23).

San Pablo insistía: "¡Alégrense en el Señor!" (Filipenses 4,4). Alegrarse en el Señor es vivir la fe con gozo, reconociendo al Señor resucitado en cada momento. Nuestra existencia cristiana debería ser una fiesta permanente, en medio de nuestros problemas, porque en Cristo hallamos el verdadero sentido de la vida, el camino que nos lleva a buen fin, la verdad que nos ilumina por encima de todas las mentiras de la tierra, la vida más intensa.

Es la alegría que llenaba el corazón de Andrés cuando encontró a Jesús y salió a gritar: "¡Hemos encontrado al Mesías!" (Juan 1,41). Es la alegría de los discípulos de Emaús, que sintieron arder su corazón junto a Jesús y corrieron a comunicarlo a los demás (Lucas 24,34). Es la alegría de quién encuentra un tesoro y descubre que vale la pena cambiarlo por todo lo demás (Mateo 13,44).

Pidamos al Espíritu Santo que sane toda tristeza y nos haga conocer esa dulce alegría.

************
Los Cinco Minutos de San Agustín de Hipona

Pero no bastó a Dios indicarnos el camino por medio de su Hijo: quiso que él mismo fuera el camino, para que, de su mano, tú caminaras por él.
P. José Luis Alonso Manzanedo, OAR.

miércoles, 17 de enero de 2018

// //
Palabras del Papa después del Ángelus.

    Queridos hermanos y hermanas:

            Saludo a todos, fieles de Roma y peregrinos de Italia y de diversos países. Saludo en particular a los fieles provenientes de Corea del Sur y a los de Biella.

            También este año en la fiesta del Bautismo de Jesús, he tenido la alegría de bautizar a algunos niños. Treinta y cuatro. Sobre estos y sobre todos los niños que han sido bautizados recientemente, invoco la protección maternal de la Madre de Dios, para que, con la ayuda del ejemplo de los padres, de los padrinos,y de las madrinas, crezcan como discípulos del Señor.

            A todos, os deseo un buen domingo y un buen camino en el año recientemente iniciado, gracias a la luz que nos ha dado Jesús en su nacimiento, no os olvidéis de la tarea que os he dado para casa, ¿Cuál es fecha en que fui bautizado?. Por favor, no os olvidéis orar por mí. Buen almuerzo y hasta la próxima.   Ciudad del Vaticano, 7 enero 2018.
fluvium.org
    

martes, 16 de enero de 2018

// //
  En más de una ocasión quedamos un tanto asombrados cuando leemos las vidas de los santos o de personas que, sin tener esa denominación, cruzan los límites de lo ordinario ¿Por qué son así? ¿Es fácil llegar a esa altura? ¿Por qué no somos todos de la misma línea y de la misma categoría?   
      
El caso es que, a lo largo de la historia, aparecen y suceden una serie de hombres y mujeres que, siendo muy normales, marcan un nivel extraño y de una referencia sin par: son santos/as, y con un punto de arranque un tanto especial: aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Esta actitud proviene de la fe y de una confinza en Dios. El Señor llama a Samuel y éste le responde inmediatamente; los apóstoles, como lo manifiesta el evangelio de hoy, escuchan a Jesús que les dice: venid y lo veréis, y lo siguieron. San  Pablo entrará en este contexto de otra manera: ¿no sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él.

    No nos sorprendan las referencias tan llenas de fe y amor; son expresividad de la palabra de Dios en un momento en el que comienza el tiempo ordinario y surgen encuentros y llamadas a las que van a seguir respuestas inmediatas que serán camino para otras personas en el futuro. Vivimos en el tiempo y, por pura gracia de Dios, nuestras personas tienen la posibilidad de orientarse hacia un ambiente no creado por nuestras fuerzas sino por pura gracia que se nos concede. Tal vez, sería oportuno pensar si la orientación de nuestro camino en la vida se sostiene desde un valor sobrenatural, como pura gracia que se nos concede, y a la respuesta fiel que nosotros debemos dar.

    Cuando pensamos cómo entablar con el mundo  de hoy un diálogo que sslga de la esfera de lo repetido y de la superficialidad, no hay que pensar en griteríos relevantes.Lo único válido en cristiano es abrir el corazón y descubrir la posibilidad de creer en Dios que es todo para nosotros. Él habita en nuestro interior y Él puede orientar nuestra vida al igual que orientó a Samuel, a Pablo y a los primeros apóstoles. Ahí está nuestra referencia continua y cuya percepción hace que nosotros sacudamos nuestra superficialidad y adquiramos- digamos sí- una vida cristiana verdadera y para siempre, teniendo como modelo a Cristo. Por nuestra parte, se requiere actitud humilde de querer escuchar y una certeza de que es Dios quien llama y quiere dirigir nuestro camino.

    Siempre, pero cada día, es el momento en que suena el aldabonazo de la gracia que nos invita a salir de la rutina y de rehabilutar nuestro interior en la configuración con Cristo. En cada momento se hace presente la voz divina con el venid y lo veréis. Siempre es llamada y seguridad de Dios para quien crea que es Palabra divina, motivo de felicidad completa y razón de vida en todo momento. Una vez, escuchada y asumida la voz divina, necesariamsente surgirá la voz de Dios que nos saque de nuestras seguridades y oriente nuestro ser en un camino lleno misericordia, de amor y de esperanza.

RESPUESTA desde NUESTRA REALIDAD

    Más de una vez tendríamos que tomar cuenta de cuántas “llamadas” estamos tan atentos y cómo ponemos total admiración y hasta necesidad. Justificamos tal talante porque las creemos válidas y hasta consideradas como triunfo personal. Y… la llamada de Dios ¿por qué no tiene más ilusión y hasta más necesidad? La vida tiene un constante momento y el Señor nos habla siempre. ¿Se puede entender la existencia humana sin la presencia de Dios? La invitación de Jesús: venid y lo veréis es seguir el camino verdadero, aceptar la voluntas de Dios y traducir la existencia en relación personal conm Jesús.

ORACION
    Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha compasivo la oración de tu pueblo y concede paz a nuestros días. Por J.N:S. Amén.

PENSAMIENTO AGUSTINIANO

   " ¿Qué buscáis? Responden: Rabí -que significa Maestro-, ¿dónde vives? Contesta Jesús: Venid y vedlo. Y se fueron con él y vieron dónde vivía y se quedaromn en su compañía aquel día. Era aproximadamente la hora décima. ¿Carece acaso de intención, el que el evangelista no precise la hora?¿Podemos creer que no quiera advertirnos nada o que nada busquemos? Es la hora décima. Este número significala ley, que se dio en diez mandamientos. Mas había llegado el tiempo de cumplirla por el amor, ya que los judíos no pudieron hacerlo por el temor. Por eso dijo el Señor: No he venido a destruir la ley, sino a darle plenitud. Con razón, pues, le siguen estos dos testimonios del amigo del esposo, a la hora décima, hora en que oyó: Rabí -que significa maestro-. Si el Señor oyó que le llamabanm Rabí a la hora décima y el número diez simboliza la ley, el maestro de la ley no es otro que el mismo dador de la ley. Nadie diga que uno da la ley y otro lo enseña. La enseña el mismo que lo da" (Comentario al ev. según san Juan 7, 8- 10).
    P. Imanol Larrínaga, OAR.

lunes, 15 de enero de 2018

// //
 Jn 1, 35-42:: ¡Qué día tan feliz pasan y qué noche tan deliciosa!

Estaba Juan y dos de sus discípulos. He aquí dos discípulos de Juan. Como Juan era así amigo del Esposo, no buscaba su gloria, sino que daba testimonio de la verdad. ¿Intentó, por ventura, retener con él a sus discípulos para que no fueran en pos del Señor? Más bien muestra él a sus discípulos a quién debían seguir. Los discípulos le tenían a él por el Cordero, y les dice: ¿Qué es lo que de mí pensáis? Yo no soy el Cordero. Mirad: Ese es el Cordero de Dios, del cual ya había dicho antes: He aquí el Cordero de Dios. Pero ¿qué bien nos trae el Cordero de Dios? He ahí, dice, el que borra el pecado del mundo. Oído esto, van tras de Él los dos que estaban en compañía de Juan.

Veamos lo que sucede cuando dice Juan: He aquí el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírle hablar así, van en pos de Jesús. Se vuelve Jesús, ve que le siguen y les dice: ¿Qué buscáis? Responden ellos: Rabí (que significa Maestro), ¿dónde moras? Ellos no le siguen todavía como para quedarse con Él. Ellos se quedaron con Él, como es evidente, cuando les llamó de la barca. Andrés era uno de estos dos, como lo acabáis de oír, y hermano de Pedro. Y sabemos por el Evangelio que el Señor llamó a Pedro y Andrés de la barca con estas palabras: Venid en pos de mí y yo haré que lleguéis a ser pescadores de hombres. Desde ese momento se unieron ya con El para no separarse jamás. Ahora, pues, le siguen estos dos, no como para no separarse ya de Él, sino porque quieren ver dónde mora y cumplir lo que está escrito: El dintel de sus puertas desgasten tus pies. Levántate para venir a él siempre e instrúyete en sus preceptos. El les muestra dónde mora y se estuvieron con Él. ¡Qué día tan feliz pasan y qué noche tan deliciosa! ¿Hay quien sea capaz de decirnos lo que oyeron de la boca del Señor? Edifiquemos también nosotros mismos y hagamos una casa en nuestro corazón, adonde venga Él a enseñarnos y hablar con nosotros.

¿Qué buscáis? Responden ellos: Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives? Contesta Jesús: Venid y vedlo. Y se fueron con Él y vieron dónde vivía, y se quedaron en su compañía aquel día. Era aproximadamente la hora décima. ¿Pensaremos acaso que no le interesaba al evangelista decirnos con precisión qué hora era? ¿Puede ser que no quiera advertirnos nada ni que inquiramos nada en esto? Era la hora décima. Este número significa la ley. Por eso se dio en diez mandamientos. Mas había llegado ya el tiempo de cumplir la ley por el amor, ya que los judíos no podían cumplirla por el temor. Por esto dice el Señor: No he venido a destruir la ley, sino a darle plenitud.

Con razón, pues, a la hora décima le siguen estos dos por el testimonio del amigo del Esposo, y a la hora décima oyó: Rabí (que significa Maestro). Si el Señor oyó Rabí a la hora décima y el número diez es el de la ley, el maestro de la ley no es otro que el mismo dador de la ley. No diga nadie que uno da la ley y otro enseña la ley. La enseña el mismo que la da. Él es el maestro de la ley y Él mismo la enseña. La misericordia está en sus labios: por eso enseña la ley misericordiosamente; así lo dice la Escritura hablando de la Sabiduría: En sus labios, la ley y la misericordia. No temas que te sea imposible cumplir la ley. Vete a la misericordia. Si te es muy difícil cumplir la ley, utiliza aquel pacto, aquel escrito, aquellas plegarias que para ti compuso el abogado celestial.

San Agustín, Sobre el evangelio de San Juan 7, 8-10




domingo, 14 de enero de 2018

// //
Después de abandonar Nazaret y ser bautizado por el Precursor, Jesús comenzó a reunir un grupo de colaboradores para su tarea de anunciar y luego llevar a la práctica su proyecto del Reino de Dios.

El cuarto evangelista nos cuenta que él, Juan (aunque no lo nombra en su evangelio), y Andrés, compañero de tareas en el lago, eran discípulos del Bautista. Un día éste les señaló a Jesús a quien llamó “el Cordero de Dios”. Para un judío tal expresión guardaba un especial significado. Con este título se refería al Mesías. Movidos por la curiosidad o por una iluminación interior, se acercaron a Jesús. Ellos llaman Rabí a Jesús, es decir Maestro y le preguntaron: “Maestro, ¿dónde vives?”. La entrevista nos la cuenta san Juan, como testigo presencial.

«Venid y lo veréis», les responde Jesús. Les invita a ir con Él, a conocerlo, a convivir con Él. Van, y lo contemplan escuchándolo. Y conviven con Él aquel atardecer, aquella noche. Es la hora de la intimidad y de las confidencias. La hora del amor compartido. Se quedan con Él hasta el día siguiente.

Los discípulos oyeron las palabras de Juan Bta. y siguieron a Jesús. Y cuando estos dos discípulos de Juan se encontraron con Jesús y le reconocieron como el Mesías lo primero que hicieron fue ir a decírselo a los demás. El evangelista anota que Andrés llevó a su hermano Simón ante Jesús, y éste lo llamó Pedro, integrándolo al grupo. Se convirtieron ellos mismos en intermediarios del verdadero Dios manifestado en Cristo Jesús. 

Así ha seguido siendo la historia del cristianismo, hasta el día de hoy, gracias a tantas y tantas personas que quisieron ser verdaderos intermediarios de Dios, nosotros somos seguidores de Jesús. Y seguirá siendo así siempre.

Entiendo por “intermediarios de Dios” a las personas que ponen a otros en relación con Dios. Sí, como el Juan Bautista o el sacerdote Elí, o el mismo San Pablo, o Andrés, de quienes nos hablan las lecturas de hoy. Es esta una vocación grande y maravillosa que Dios nos da a todos los cristianos. Cristo, claro está, fue el principal intermediario que eligió el Padre para reconciliar a la humanidad y ponerla en comunicación con Dios. También lo fue la virgen María y todos los santos. También debemos serlo cada uno de nosotros, los cristianos, porque la Iglesia de Cristo es una iglesia esencialmente misionera. Digo que es una vocación grande y maravillosa. Nos pide que invitemos a otros con nuestra palabra, con nuestra vida, a conocer vivencialmente a Cristo, seamos o no sacerdotes, cristianos de a pie…

La relación con Dios siempre enriquece nuestra condición humana. Vivir en sincera y auténtica relación con Dios supone dejarnos invadir por Él, permitirle guiar la nave de nuestra vida. El que vive en auténtica relación con Dios se convierte en templo suyo, en anuncio visible de su presencia. Como las mejores torres de las mejores iglesias y catedrales, y más. Los cristianos no vivimos sólo para nosotros mismos, debemos vivir para el Señor, para facilitar al Señor en encuentro con muchas ovejas perdidas, descarriadas, desorientadas o indiferentes. 

No se es cristiano por nuestros conocimientos, no es un título sacado en unas clases de teología, o por correspondencia. Ser cristiano es algo nuevo, es vivir su misma vida, Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.

Juan no nos dice aquí de qué hablaron, él que tan largos discursos recuerda de Jesús, se acuerda solo de que estuvieron con el Señor todo el día, recuerda su cercanía, recuerda que estuvo con Él.

Lo esencial en la vida cristiana es dejarse atraer por Jesús, ir y ver dónde se aloja, estar con Él y compartir. Y, después, anunciarlo. Es el camino y el proceso que han seguido los discípulos y los santos. Es nuestro camino.

Es necesario que los cristianos seamos conscientes de nuestra vocación de intermediarios de Dios, del Dios manifestado en Cristo Jesús. Con nuestra palabra y, sobre todo, con nuestro ejemplo continuado de fraternidad y amor.

Del encuentro con Jesús en la Eucaristía debemos salir con la experiencia gozosa y viva de haber estado con Jesús, como los discípulos. Y, como ellos, comprometidos a comunicar a otros que vale la pena acercarse al Señor.

P. Teodoro Baztán Basterra. OAR.

viernes, 12 de enero de 2018

// //
 No con conciencia dudosa, sino cierta, yo te amo, Señor. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. Mas también el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene he aquí que me dicen de todas partes que te ame; ni cesan de decírselo a todos, a fin de que sean inexcusables (Rm 1,20). Sin embargo, tú te compadecerás más altamente de quien te compadecieres y prestarás más tu misericordia con quien fueses misericordioso (Rm 9,15): de otro modo, el cielo y la tierra cantarían tus alabanzas a sordos.

Y ¿qué es lo que amo cuando yo te amo? No belleza de cuerpo ni hermosura de tiempo, no blancura de luz, tan amable a estos ojos terrenos; no dulces melodías de toda clase de cantilenas, no fragancia de flores, de ungüentos y de aromas, no manás ni mieles, no miembros atrayentes a las caricias de la carne: nada de esto amo cuando amo a mi Dios. Y, sin embargo, amo una especie de luz, de voz, y de fragancia y de alimento y de caricia, cuando amo a mi Dios, que es luz, voz, fragancia, alimento y caricia del hombre mío interior, donde resplandece a mi alma lo que el espacio no contiene; resuena lo que no arrebata consigo el tiempo; exhala sus perfumes lo que no se lleva el viento; saborea lo que no se consume comiendo, y donde la unión es tan firme que no la disuelve el hastío. Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios.

 Pero ¿y qué es entonces? Pregunté a la tierra y me dijo: «No soy yo»; y todas las cosas que hay en ella me confesaron lo mismo. Pregunté al mar y a los abismos y a los reptiles de alma viva, y me respondieron: «No somos tu Dios; búscale sobre nosotros». Interrogué a las auras que respiramos, y el aire todo, con sus moradores, me dijo: «Se engaña Anaxímenes: yo no soy tu Dios». Pregunté al cielo, al sol, a la luna y a las estrellas. «Tampoco somos nosotros el Dios que buscas», me respondieron.

Dije entonces a todas las cosas que están fuera de las puertas de mi carne: «Decidme algo de mi Dios, ya que vosotras no lo sois; decidme algo de él». Y exclamaron todas con grande voz: Él nos ha hecho (Sal 99,3). Mi pregunta era mi mirada; su respuesta, su belleza.

Entonces me dirigí a mí mismo y me dije: «¿Tú quién eres?», y respondí: «Un hombre». He aquí, pues, que tengo en mí prestos un cuerpo y un alma; esta, interior; el otro, exterior. ¿Por cuál de éstos es por donde debí yo buscar a mi Dios, a quien ya había buscado por los cuerpos desde la tierra al cielo, hasta donde pude enviar los mensajeros rayos de mis ojos? Mejor, sin duda, es el elemento interior, porque a él es a quien comunican sus noticias todos los mensajeros corporales, como a presidente y juez, de las respuestas del cielo, de la tierra y de todas las cosas que en ellos se encierran, cuando dicen: «No somos Dios» y «Él nos ha hecho». El hombre interior es quien ha conocido estas cosas por ministerio del exterior; yo interior conocí estas cosas; yo, Yo—Alma, por medio del sentido de mi cuerpo.

Interrogué, finalmente, a la mole del mundo acerca de mi Dios, y ella me respondió: «Yo solo soy simple hechura suya».
C 10, 8-9

jueves, 11 de enero de 2018

// //

"Ven Espíritu Santo, quiero creer que hay mucho más que lo que ven mis ojos, mucho más que lo que escucho por la calle, mucho más que lo que me sugieren mis sentimientos tan variables.

Quiero creer en ese mundo celestial que habita en medio de nosotros. Quiero creer que más allá del dolor está tu consuelo, que más allá de mis fracasos hay una permanente esperanza, que más allá de las caídas estás tú llamándome, invitándome, esperándome.

Ven Espíritu Santo, para que pueda ver eso que es invisible a los ojos, para que más allá de la apariencia de los demás, pueda reconocer que son imágenes de la Trinidad, que son sagrados, que son infinitamente amados por ti.

Ven Espíritu Santo, para que en cada dificultad sepa ver una nueva oportunidad, para que pueda reconocer el misterio de tus proyectos divinos, que superan todos nuestros proyectos humanos.
Ven Espíritu Santo, derrama tu luz sobrenatural para que pueda vivir en otro nivel, cada vez más alto y más profundo.  Amén."


************
Los Cinco Minutos de San Agustín de Hipona

Les pido que estén atentos a lo que dijo Cristo el Señor, extendiendo las manos sobre sus discípulos: Estos son mi madre y mis hermanos; y el que hace la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, es mi hermano y mi hermana y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombre el que había de ser nuestra salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado por ella? Ciertamente, cumplió santa María con toda perfección, la voluntad del Padre, y por esto es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.

P. José Luis Alonso Manzanedo, OAR.